Pueblos blancos, calas de aguas cristalinas, montañas junto al mar y una gastronomía que sabe a Mediterráneo convierten a Alicante en uno de los destinos más irresistibles del verano.
Hablar de Alicante es pensar en playas, sol y mar. Pero la provincia guarda mucho más que kilómetros de costa. Entre sierras, valles y pequeños pueblos blancos se esconden algunos de los rincones con más encanto de la Comunidad Valenciana, donde cada calle invita a pasear y cada mirador regala una nueva postal del Mediterráneo.
Si este verano buscas una escapada que combine naturaleza, patrimonio, senderismo, gastronomía y el auténtico estilo de vida mediterráneo, estos tres pueblos son una elección perfecta.
Guadalest, el pueblo suspendido entre montañas
Enclavado en el corazón de la Marina Baixa, El Castell de Guadalest es uno de los pueblos más visitados de España, y basta poner un pie en sus calles para entender por qué.

Su castillo, construido sobre una imponente roca, domina un paisaje espectacular formado por montañas y el embalse de aguas turquesas que se extiende a sus pies. El acceso al casco histórico, atravesando un túnel excavado en la roca, ya anticipa una visita diferente.
Más allá de su patrimonio, Guadalest es un excelente punto de partida para recorrer rutas senderistas por el valle, descubrir pequeños miradores naturales y disfrutar de un turismo tranquilo entre talleres artesanos, museos singulares y comercios tradicionales.
La experiencia se completa con la gastronomía de montaña alicantina, donde no faltan los arroces, los embutidos, la miel y los productos de proximidad.
Altea, el pueblo blanco que enamora al Mediterráneo
Hay lugares que se disfrutan caminando despacio, y Altea es uno de ellos.

Sus calles empedradas, las fachadas blancas cubiertas de buganvillas y la inconfundible cúpula azul de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo forman una de las imágenes más reconocibles de la Costa Blanca.
Perderse por su casco antiguo es descubrir pequeñas galerías de arte, talleres de artesanía, terrazas con vistas al mar y rincones donde el tiempo parece detenerse.
Los amantes de la naturaleza también encontrarán excelentes rutas por la Sierra de Bernia y el cercano Parque Natural de la Serra Gelada, además de calas de aguas cristalinas perfectas para practicar snorkel, kayak o simplemente disfrutar del Mediterráneo lejos de las grandes aglomeraciones.
Al caer la tarde, pocas estampas igualan la belleza del paseo marítimo de Altea iluminado por la luz del atardecer.
Villajoyosa, el color del verano
Si existe un pueblo capaz de transmitir la esencia del Mediterráneo es Villajoyosa.

Sus famosas casas de colores frente al mar se han convertido en uno de los paisajes más fotografiados de la provincia, pero detrás de esa imagen hay una localidad con mucha historia, tradición marinera y una excelente oferta gastronómica.
Su casco histórico conserva murallas renacentistas, iglesias, plazas y callejuelas que desembocan en algunas de las playas más bonitas de la Costa Blanca.
Además del baño, el visitante puede recorrer senderos costeros, practicar deportes náuticos o visitar el Museo del Chocolate para conocer una de las tradiciones industriales más emblemáticas del municipio.
Sentarse frente al mar para degustar un arroz marinero o pescado fresco es el broche perfecto para una jornada de verano.
Alicante, mucho más que sol y playa
Guadalest, Altea y Villajoyosa representan tres formas diferentes de descubrir la provincia de Alicante. Montaña, patrimonio, pueblos blancos, senderismo, cultura, gastronomía y Mediterráneo se unen para ofrecer escapadas capaces de sorprender en cualquier época del año, especialmente durante el verano.

Porque a veces el mejor viaje no consiste en recorrer miles de kilómetros, sino en descubrir lugares que consiguen hacerte sentir que estás muy lejos de la rutina.
Si quieres seguir descubriendo la Comunidad Valenciana, no te pierdas nuestros pueblos imprescindibles de Valencia y Castellón.
